MEJOR JUSTICIA QUE PERDON





Los principios de humanidad mal entendida, no autorizan a ningún gobierno para hacer por la fuerza, libres a los pueblos estúpidos que desconocen el valor de sus derechos.




Simón Bolívar (Manifiesto de Cartagena, diciembre 15 de 1812)


http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=VNDqqgRv-nQ#!

lunes, 29 de octubre de 2012

DISCURSO DE ÁLVARO URIBE EN LA ASAMBLEA DE LA U



octubre 28, 2012 por Ricardo Puentes Melo


Discurso de Álvaro Uribe en la asamblea de la U


Álvaro Uribe Vélez en su discurso ante la asamblea del Partido de la U, eel 28 de octubre de 2012

Muy estimados integrantes de esta asamblea y compatriotas:


Diego Piñeros fue secuestrado en el Meta el 17 de Octubre por el grupo terrorista de la Farc.


“Paguen la extorsión que después será peor”, es la conminación de los terroristas de la Farc, que están de regreso a la Cordillera Central vallecaucana.

Los saludo con la mayor consideración. Celebro que se reúnan hoy en varias ciudades colombianas y agradezco el espacio que me ofrecen para dirigir estas palabras. Atenderé gustoso, con la venia de sus directivas, cualquier pregunta que quieran formular u objeciones a las tesis que he venido expresando.

 
Durante mucho tiempo, un sector grande de la ciudadanía, creyó que la violencia sería insuperable. Por temor, o por prejuicios políticos e intelectuales, consideraban que la seguridad no era una categoría predicable y menos, alcanzable. Sin embargo, el sacrificio de las Fuerzas Armadas y de millones de colombianos demostró que podíamos ser una nación segura, en el disfrute de las libertades democráticas. También mostró que la seguridad, por su impacto en la inversión, es una fuente de recursos para avanzar en cohesión social, que es el fin principal de Estado, cuyos resultados pueden validar o deslegitimar la seguridad y la inversión como políticas públicas.

 
Nunca hemos presumido que los dos gobiernos que concluyeron en agosto de 2010 hubieran resuelto de manera definitiva la violencia u otro de los graves problemas que nos afectan, pero, la nación consideraba que íbamos por buen camino, así lo manifestaron los resultados de las elecciones de aquel año. La mirada escéptica de muchos se había transformado en rostro de confianza. Ya había más equipajes de nuevos profesionales regresando al país, que venta de tiquetes a personas urgidas por ir a refugiarse al extranjero.


El diálogo con los colombianos de las grandes ciudades, de municipios y de la ruralidad, me indica que la seguridad se ha deteriorado. Aquí en Bogotá, la Farc ordena a comerciantes acudir a Granada, Meta, para pagar una nueva modalidad de extorsión que el cinismo terrorista denomina “Impuesto de Paz”. Algo parecido le ocurre a pequeños productores de leche del norte de Antioquia, obligados a entregarle al grupo terrorista 20 pesos por litro. El ELN se atreve a expedir certificados de Paz y Salvo, que circulan entre los habitantes de Arauca.

Mientras familiares de secuestrados y desaparecidos continúan reclamando a sus seres queridos, voces del Gobierno avalan el engaño terrorista que afirma no estar secuestrando. ¿Y por qué dar crédito a esta afirmación de quienes siempre han negado los miles de secuestros que han cometido?

El terrorismo es experto en engañar ante los micrófonos y la televisión. Tratan de esconder el secuestro, delito más visible y escandaloso, y acrecientan la extorsión, delito menos visible, disimulable, y la cobran con explosivos, como periódicamente sucede en Ibagué, Neiva y en el Catatumbo. Esta práctica la asimila el crimen organizado, las Bacrim, que entre ellas, también con la Farc y el Eln, se dividen territorios, trazan fronteras invisibles, disminuyen el asesinato para no llamar la atención, poco a poco desplazan al Estado y se imponen con extorsión. Los ataques terroristas recientes en Santa Marta, Barranquilla y San José del Guaviare, eran previsibles dado el aumento de la criminalidad.

Regresamos a los tiempos del Caguán

El incremento de la inseguridad es una amenaza en el mediano plazo para los avances productivos y de empleo.
Logramos revertir la declinación de petróleo, pero en los últimos meses, la curva de incremento se ha detenido por acción de la violencia, lo que pone en riesgo la meta anunciada por el Gobierno de llegar a dos millones de barriles al día. Solamente Interconexión Eléctrica, ISA, en lo corrido de 2012, ha sufrido destrucción de torres de transmisión, en número comparable con 2002. En los ocho años anteriores el Catatumbo sustituyó 15 mil hectáreas de coca por igual número en palma africana, sin afectar propiedad campesina de la tierra; ahora el terrorismo destruye infraestructura para forzar el regreso a la ilegalidad.

Los últimos dos años han hecho pensar a muchos colombianos que el Gobierno ha mostrado mayor interés en dialogar con el terrorismo que en la seguridad. Parecería ser que los golpes a cabecillas han sido más el fruto de la voluntad de las Fuerzas Armadas que de la determinación política oficial. A la queja ciudadana, hasta hace poco, se le trataba como percepción equivocada.

 
Diálogo con terroristas. Y entonces formulo estos interrogantes para la reflexión pública:

¿Por qué buscar el diálogo con el terrorismo al costo de descuidar la seguridad?

Ha habido una agenda de construcción de confianza con el terrorismo que ha coincidido con el descuido de la seguridad: para complacer a la Farc se le reconoció como parte del conflicto, cuando en muchos países y en la conciencia colectiva de las mayorías colombianas, estaba señalada como terrorista. Se abandonó el proceso de denuncia ante la OEA sobre la existencia de las bases terroristas en Venezuela. En lugar de acusar la complicidad de Chávez con el crimen, se le convirtió en promotor de la paz. No se llevó a ratificación del Congreso el Acuerdo con los Estados Unidos para luchar contra el narcotráfico, que fue impulsado desde el Ministerio de Defensa.

 
Nuestro Gobierno introdujo el reconocimiento y reparación de las víctimas, como condición de paz, e implementó la reparación administrativa. En brusco giro a lo sostenido previamente por el Ministerio de Defensa, se aprovechó la ley de víctimas para igualar a los victimarios guerrilleros y paramilitares con los miembros de las Fuerzas Armadas. No se ha corregido el acuerdo con la Fiscalía, suscrito por nuestro Gobierno, para evitar el abuso interpretativo que debilita el fuero militar. A propósito del fuero militar, pedimos a los congresistas, que en el nuevo texto, se garantice que el primer conocimiento de la posible conducta criminal, esté a cargo de la Justicia Militar. Es necesario que revisen la lista de delitos excluidos para no hacer inoperante la nueva Norma Constitucional.

En la construcción de esa agenda de confianza con el terrorismo, se ha llegado al extremo injusto de condicionar al acuerdo con la guerrilla la solución jurídica a integrantes de las fuerzas armadas, presos o investigados, en clara ofensa a su honor. Esto, a sabiendas que hay alternativas jurídicas sin impunidad, como podría ser la excarcelación selectiva, sin levantar la condena, hasta su revisión por una nueva instancia judicial. Debe sentirse bien atendida la narco guerrilla y desmotivada la fuerza pública, al escuchar la propuesta oficial de la legalización de la droga.

Sobre las drogas e impunidad. Debemos recordar que Holanda ha cerrado más de 1.800 de los famosos coffee shops, tiendas de consumo legal de drogas alucinantes, porque padres de familia y vecinos han unido sus voces para exclamar, que la permisividad, antes que eliminar la violencia, generaliza el delito y derrumba las buenas costumbres. Pobladores de Portugal, horrorizados por la creciente llegada de turistas narco consumidores, piden retroceder la legalización, y eso que la legalización portuguesa no es como se le quiere publicitar, allá el consumo no es delito, -como tampoco lo es aquí-, pero se imponen sanciones como multas y retiro de la licencia de conducción de vehículos a consumidores que eludan las programas de rehabilitación.

Duele que la razonable Reforma Constitucional de 2009 sobre drogas, que ordena políticas de salud pública arrolladoras, tratamiento, hospitalización y nunca cárcel al consumidor, y que dispone cárcel para el narcotraficante y el distribuidor, no se haya desarrollado debidamente. Las drogas alienan al ser humano, lo esclavizan, es decir le usurpan su propia libertad; el elemento que lo distingue de los otros seres vivos. Al mirar los informes de policía sobre sicarios capturados después de perpetrar un crimen, el elemento común es que obran bajo el influjo de las drogas o en combinación con el alcohol.

En síntesis: ha habido mayor interés en congraciarse con la guerrilla como interlocutor, que en garantizar la seguridad a los ciudadanos y en la defensa efectiva de las fuerzas armadas. Acepto que nuestro Gobierno no construyó agenda de confianza con la Farc; como condición para el diálogo exigimos el cese de actividades criminales de la organización terrorista; y para un Acuerdo Humanitario requeríamos que quienes salieran de las cárceles se retiraran de Farc y se sometieran a la vigilancia de otro país o ingresaran al programa de reinserción. Nunca se removieron los inamovibles porque era prioritario proteger la seguridad de Colombia.

¿Por qué aceptar el diálogo sin que el terrorismo cese sus actividades criminales? Mientras la noticia internacional es el Las FARC siguen asesinando e hiriendo a nuestros militares

diálogo, los colombianos sufren extorsión y explosivos. El terrorismo asesina soldados y aplica “operación pistola” para matar policías. La vida de los soldados y policías debe estimarse tanto como la de los civiles. En una democracia, como la nuestra, no debe aceptarse la norma del derecho de guerra que protege al civil y convierte al uniformado en blanco legítimo. Las Fuerzas Armadas representan la nación y toman las armas en defensa de nuestra democracia. Visto el problema desde otro ángulo, también es una violación ética, que mientras cabecillas de la Farc se protegen en Oslo y en La Habana, los guerrilleros de base expongan sus vidas en Colombia por permanecer en el crimen. ¿Por qué ofrecer impunidad para conseguir la paz? El Marco Para la Paz permite que delitos atroces se queden sin investigar y admite la cesación de la acción penal, lo que equivale a amnistía e indulto, así el Gobierno persista en negarlo. Aquello provoca impunidad total. El balance entre paz y justicia exige un delicado equilibrio, están de por medio los derechos de las víctimas y la noción de la justicia que es la fundadora del Estado de Derecho. Aquel balance permite reducir penas, aún excarcelar, pero nunca debería incluir la posibilidad de no ser investigado, o de desaparecer completamente la condena y sus consecuencias que van más allá de la privación de la libertad.

¿Por qué ofrecer elegibilidad política a criminales responsables de delitos diferentes al delito político? Algunos procesos de paz del Continente concedieron amplia elegibilidad política porque, a diferencia de nuestra sólida democracia, fenómenos dictatoriales y de democracias restringidas legitimaron como insurgentes a los contradictores armados. Nuestra democracia, con limitaciones sociales por superar, es fuerte y respetable. En nuestro medio ha sido clara la evolución de la insurgencia hacia el narco terrorismo. El Marco para la Paz solamente excluye de la elegibilidad al responsable del crimen de lesa humanidad, pero, por la vía de la conexidad, habilita como elegible al extorsionista, al narcotraficante, al secuestrador, o a quien hubiera incurrido en grave violación al derecho humanitario. Como van las cosas, el asesino del policía o del soldado podrá ser senador y también él del civil, con excepción del genocida.

Sabiamente la Constitución de 1991, dados los nuevos avances en apertura democrática que incorporó, aceptó la elegibilidad en casos de delitos políticos como sedición, rebelión y asonada, pero no la extendió a la conexidad. Sobre esta figura propongo este raciocinio: en los orígenes de la guerrilla, la prevalencia ideológica, podría haber dado piso a catalogar una gama de delitos como conexos con el político. Podría haberse discutido que la contundencia del propósito político subsumía otros delitos. Hoy, convertida la Farc en el mayor cartel de drogas del mundo, un grupo terrorista ejecutor de crímenes de lesa humanidad, el propósito político es más un disfraz que una realidad. Toda organización terrorista exhibe justificaciones ideológicas. ¿Qué tal que se atenuaran los crímenes de Al-Qaeda en razón de sus doctrinas? ¿Por qué confundir el narcotráfico y el terrorismo con un proyecto político? ¿Por qué restar importancia al narcotráfico, so pretexto de asignar importancia al asesinato, si son crímenes interconectados?

En la ley de Justicia, Paz y Reparación, se buscó trazar la difícil línea entre el narcotráfico como objeto principal del crimen, o como actividad conexa. Ante la complejidad, dada la cooptación narcotraficante de guerrillas y paramilitares, y para no correr el riesgo de dar impunidad al narcotráfico, se permitió a guerrilleros y paramilitares la reducción de sentencias, pero no impunidad. ¿Qué pensarán los países que han pedido a Colombia asesoría para luchar contra el narcotráfico al ver que se ofrece impunidad al mayor cartel de drogas del mundo?¿Acaso para desmontar el narcotráfico no es mejor la alianza con México, Perú o España, que con la Farc?

¿Por qué se acepta negociar con la Farc las garantías a la oposición política? Una cosa es el terrorismo, que hemos combatido, y otra la oposición política, cuyas expresiones radicales, en los últimos ocho años, gozaron de plenas y efectivas garantías. Lo que en el momento se ve es que mientras la Farc hace política también asesina, se le permite combinar las formas de lucha, que junto con la debilidad estatal fueron las causas de la extinción de la Unión Patriótica.

Policías quemados vivos por las FARC

¿Por qué en lugar de avanzar en las soluciones sociales, por nuestros amplios conductos democráticos, se acepta negociar la agenda de país con el terrorismo? El campo se estanca o se deteriora pero empiezan a definir con la Farc el desarrollo rural. A los cafeteros no les garantizan precio remunerativo. Pequeños bananeros y floricultores desparecen por revaluación, sin ayuda oficial. Se afecta la palma africana por la pudrición del cogollo ante la indiferencia burocrática. A los algodoneros los notifican que solamente tendrán apoyo para sembrar la mitad del área. Después de dos años sin apoyar a la competitividad internacional del agro, el Gobierno culpa al TLC, en el discurso desacredita las políticas de nuestro Gobierno y la ley respectiva, que no derogan, pero, para salvar la apariencia, le cambian de nombre. Denominan elefantes blancos a los grandes proyectos de riego como los del Rio Ranchería, el Triángulo del Tolima y Tesalia-Paicol en el Huila, cuyo ritmo de ejecución desaceleran. Como lo ha escrito el ex ministro Oscar Iván Zuluaga, se descuida la infraestructura de las zonas campesinas, se olvidan las vías terciarias, no se impulsan nuevos cultivos con potencial exportador, pero se dedican a publicitar el discurso de la ley de tierras. A propósito de esta norma, es un imperativo restituir la tierra a los despojados. No en vano reformamos en dos ocasiones la ley de extinción de dominio para hacerla más expedita. Con esta habría sido suficiente para el loable propósito, como lo muestra que las restituciones llevadas a cabo en este Gobierno provengan de esa normativa. Lo que preocupa es la frecuente apelación a la ley de tierras para crear pánico entre propietarios honestos y afectar el espíritu productivo, a tiempo que no se impulsa con suficiente determinación la extinción del dominio. Esta figura escasamente cuenta con dos jueces, el Gobierno no busca opciones para abreviar procesos, se somete al mismo trámite un vehículo que 400 mil hectáreas. Al haberse revivido por sentencia la dilatoria notificación personal, deberían buscarse opciones para poner límites temporales. En cuanto a la administración de los bienes incautados, se quedaron simplemente en la derogatoria de la nueva agencia que habíamos creado como garantía de eficiencia y transparencia.


Ahora al agro se suma la expectativa angustiosa de saber que van a negociar con la Farc, que ha ejercido sangriento poder sobre la ruralidad, las políticas para regir el sector. Esto pone en duda la posibilidad colombiana de pasar de producir 28 millones de toneladas de alimentos a 60 millones, para contribuir a la meta mundial de incrementar en un 50% la oferta de comida en el año 2030. La producción en general, el campo en particular, además de seguridad contra la violencia, además de la seguridad jurídica, necesitan seguridad política, esto es, que en la conducción del Estado no haya ambigüedad sobre el papel del campesino y del empresario para crear riqueza colectiva.

 
La desarticulación del terrorismo. Un equivocado editorialista europeo ha aplaudido que se pase “del radicalismo militar de Uribe al diálogo actual”. Varias personas me preguntan ¿Cuál es la alternativa? Mi repetida respuesta ha sido Paz sin Impunidad, Paz sin derogatoria de la Democracia, Paz a partir de la Seguridad no de la Claudicación, Paz a consecuencia de la desarticulación del crimen. Nuestra alternativa ha sido la desarticulación del crimen que consta de tres elementos: la autoridad sin altibajos, ausente de acomodos, la reinserción generosa, sin impunidad, y el avance de las políticas sociales para evitar el reclutamiento terrorista de los jóvenes.

Así hubiera tenido un 7% de reincidencia delictual, la desmovilización de 53.000 integrantes de paramilitares y guerrillas, sucedida en nuestro Gobierno, trajo un gran alivio al país. Crecimiento de la farc. De acuerdo con las fuentes militares, entre 2002 y 2010, la Farc se redujo de alrededor de 30.000 efectivos, entre encuadrillados y milicianos, a 6.800. De haber continuado la política de desmovilización, la organización criminal debería tener aproximadamente 2.000 integrantes, y no los 8.000 o 9.000 que las mismas fuentes militares señalan. Este crecimiento de la agrupación terrorista ha sido reforzado con el reclutamiento de niños. Razón asiste a la ex ministra Marta Lucía Ramírez de proponer, entre las condiciones para el diálogo, la devolución de los niños reclutados o arrebatados a sus familias, práctica habitual de la Farc, que tanto dolor ha traído a la comunidad.

No se entiende que un día el Gobierno afirma que la Farc está arrinconada, que es hora de negociar, y al siguiente exprese que todavía tienen ingresos anuales entre 2.500 y 3.500 millones de dólares. ¿Qué ha pasado entonces con la disminución de los cultivos ilícitos o con la reducción de mil toneladas de cocaína, que antes se enviaban al mercado internacional, a menos de doscientas toneladas? Al criticar la ley de Justicia, Paz y Reparación, se ignora que ese texto normativo y la Seguridad Democrática desmovilizaron 53.000 terroristas, llevaron a la cárcel a más de 4.000 asesinos, entre ellos más de 200 responsables de asesinatos de trabajadores. Se ha hallado cantidad de fosas comunes. Cabecillas están extraditados. La norma tiene reducción de condenas pero no impunidad. No introdujo elegibilidad pero respetó el precepto Constitucional de permitirla solo para delito político. Preocupa que en vez de mejorarla, para tener ntencias y soluciones más expeditas, se le remplace por un Marco de Impunidad.

Las bacrim. Indudablemente la policía ha dado golpes importantes a las Bacrim, nombre que se asigna a esta expresión del crimen organizado. Sin embargo, fuentes de inteligencia aseguran que en los últimos dos años han duplicado el número de integrantes. Ejercen control territorial en campos y áreas urbanas. Imponen toques de queda en carreteras aledañas a Sincelejo. Se asesinan entre ellos o se reparten jurisdicciones. Fijan tarifas de extorsión que cobran con explosivos o balaceras, como ha sucedido recientemente en Medellín, Santa Marta y Barranquilla.

Muchos ciudadanos, abatidos por el temor y la desprotección, prefieren pagar que denunciar. A esto ha contribuido el marchitamiento y la falta de administración diaria de las redes de cooperantes. En épocas pasadas, cuando el Ejército era excluido de la lucha contra el narcotráfico, este creció. El crimen organizado es mutante, hoy es Bacrim, mañana se le asignará otra denominación. No es solamente amenaza a las personas, también a la soberanía por la capacidad de socavar instituciones. Por esto último, todas las fuerzas armadas deben combatirlo. Ojalá se estudien las propuestas y el proyecto de los congresistas Juan Lozano, Juan Carlos Vélez y Miguel Gómez, para que las conductas de soldados y policías, derivadas de enfrentar a las Bacrim, como en el caso de las narco guerrillas, se ubiquen en el Derecho Internacional Humanitario y sean de conocimiento inicial por la Justicia Penal Militar.
Nuestro Gobierno recuperó el monopolio del Estado para combatir al crimen y administrar justicia, por eso reivindico que se superó el paramilitarismo. La pérdida de control por parte del Estado, deja vacíos que son ocupados por grupos delincuenciales. Las Bacrim ya empiezan a presentarse como formas criminales de remplazo del Estado. Ojalá se les anule antes de que sea tarde.

La política social. En nuestro Gobierno, al sumar el ingreso de las familias más la política social del Estado, 13 millones de personas superaron la pobreza. La clase media se expandió como lo confirman estudios de personas independientes, incluso, de ideas adversas a las nuestras. El actual Gobierno ha disfrutado la herencia de inversiones y recaudo tributario, no ha sufrido severas crisis internacionales como aquella de 2008, tampoco el cierre del mercado venezolano o el desgaste de enfrentar las pirámides financieras promovidas por el narcotráfico. Nosotros tuvimos metas sociales más ambiciosas que no pudimos cumplir en su totalidad. Sin embargo, no puedo ocultar mi desconcierto ante el hecho de que este Gobierno, con mejores condiciones fiscales y financieras, sin aquellas crisis, no reduzca la pobreza y no expanda la clase media, a velocidades mayores.

La política social ha crecido en burocracia y se ha estancado o retrocedido en resultados. Desestiman Familias Guardabosques en su importancia de protección del medio ambiente y de generación de ingresos sustitutivos a la coca. Han reducido Familias en Acción, cuando deberíamos tener 4 millones, con un componente de diseño especial para apoyar a los universitarios de familias pobres. Esto complementaría la buena iniciativa de ustedes, aprobada por el Congreso, de no cobrar intereses reales a los préstamos del Icetex.

Preocupa que el empleo infantil haya crecido en un 39%, lo que denota fallas en la política integral de escolarización básica, con el agravante de la falta de impulso a la escolarización de la primera edad. No se incrementa la cobertura de protección a los ancianos pobres. Debemos recordar que podremos tener 10 millones de trabajadores en edad de retiro, sin pensión, y una tercera parte de ellos en pobreza. Esperaríamos que se acelere la aplicación de la ley de los beneficios permanentes de retiro.

Deseamos que el Gobierno evite que las Cajas de Compensación se sigan retirando del Régimen Subsidiado de Salud. Preocupa pensar en Bogotá, con 2 millones de asegurados pobres, y las cajas ausentes. Con menos número de cajas, más alianzas y más apoyo gubernamental, podríamos tener mejor salud, también mejor vivienda y mejor educación. Qué extraño esto: mientras el mundo admira el esquema social de nuestras Cajas de Compensación, aquí, en ciudades como Bogotá, se les aísla, y se prefiere el modelo del Estado Burocrático.

Ojalá el talento del Ministro de Salud produzca aciertos en la oportunidad de los pagos a las instituciones de la salud a través del giro directo, en la prevención del burocratismo hospitalario, en el mejoramiento del sistema que requiere contar con aseguradores y prestadores, en la disminución del número y en la vigilancia de las EPSs. Ojalá se corrijan precios exagerados en los medicamentos, problema que se aumentó con el error de nuestro Gobierno de haber permitido la libertad vigilada de precios.

Alcaldes y gobernadores. Debemos promover cada día más el liderazgo de nuestros alcaldes y gobernadores. Harán la diferencia si se apersonan de la seguridad, la inversión, la política social, si dan ejemplo en la austeridad del Gobierno, austeridad en los detalles y en las grandes cifras. Apoyemos y pidamos cuentas a nuestros gobernantes regionales y locales. Llamo la atención sobre el daño al pluralismo democrático al presionar a las autoridades regionales y locales para que apoyen al gobierno nacional, como condición para recibir recursos. Nosotros aplicamos una norma de conducta política que fortaleció la democracia: todos los alcaldes y gobernadores recibieron apoyo sin importar el origen político de su elección o su simpatía o antipatía con el Presidente o los funcionarios de entonces.

Que nuestros diputados y concejales hagan control político, que apoyen sin seducciones y critiquen, con pasión sí, pero con la pasión legítima que deriva de la fuerza de las ideas. El caso de Bogotá. Me temo que el nuevo modelo estatista, promovido por la Alcaldía de Bogotá puede causar El nefasto gobierno de la izquierda en Bogotá. Petro, aquí con Baltasar Garzón irreparable daño. Es mejor el Estado de participación Comunitaria en la vigilancia de servicios públicos que revivir fracasados monopolios burocráticos.

Sé que es difícil enfrentar el efectista discurso de vivienda social de la Alcaldía de Bogotá. Sin embargo, obliga una reflexión: la política implementada, con el argumento de ayudar a los pobres, amenaza el ritmo necesario de vivienda social, obstaculiza los necesarios planes de renovación urbana para que la ciudad no devore la Sabana y promueve el crecimiento desmesurado de los municipios vecinos, como simples dormitorios, que afectarán más la calidad de vida en distancias y aglomeraciones. Se construye más vivienda social y de mejor calidad con incentivos y disposiciones razonables que con estatutos amenazantes. Y otra pregunta: ¿Qué limite tiene, si acaso lo tiene, el nuevo modelo estatista de Bogotá?



En el año 2007 el desempleo juvenil de España oscilaba entre el 18% y el 21%, porcentajes actuales de América Latina. Nadie pudo anticipar, que en pocos años, España tuviera la dramática cifra actual del 54%. Nuestros países, en medio de mejores horizontes económicos, no están exentos de estos riesgos. En el mundo hay angustia por el desempleo, especialmente de los jóvenes. De ahí la necesidad de examinar el proyecto de Reforma Tributaria en sus efectos frente al empleo, el emprendimiento, los estímulos a la inversión y el impacto en los ciudadanos de ingresos medios.



La seguridad social y la parafiscalidad en nuestro medio son costosas pero equitativas, la mayor parte de las cargas están en cabeza del empresario. También, para no afectarlas, nuestro Gobierno introdujo incentivos a la inversión, que aliviaban el ensanche productivo sin desmontar obligaciones sociales.



Si los congresistas van a aprobar la reforma, mi respetuosa sugerencia es que se asegure que los recursos del ICBF y del Sena crezcan de acuerdo con las necesidades de ampliación de coberturas y de mejoramiento de los servicios. Que estas dos entidades queden protegidas frente a cualquier disminución del recaudo. No olvidemos: la promoción de inversión, que ha sido uno de nuestros postulados, tiene que convertirse en una libertad incluyente. A esto agreguemos que la promoción del emprendimiento entre los jóvenes es un imperativo. El Sena es irremplazable en su tarea de formación vocacional, educativa y de promoción de empresas de los jóvenes. El Fondo Emprender depende del Sena, en lugar de arriesgar disminuirlo, habría que multiplicarlo por diez.



Un elemento de intranquilidad es el impacto que la reforma pueda tener en quienes devengan entre cinco y diez millones de pesos al mes. Estos compatriotas no deben sufrir afectación alguna. Me surgen otras tres inquietudes: al aliviar cargas en relación con empleados y trabajadores que ganan hasta cinco salarios mínimos podría desestimularse la promoción salarial por encima de este límite; debería pensarse si hay una manera de dar el beneficio solamente a los sectores intensivos en mano de obra, por el camino de definir exactamente cuáles quedarían excluidos como minería, hidrocarburos, finanzas, etc; y, no creo que sea buen precedente impulsar este tipo de reformas, que modifican estructuras, con el argumento circunstancial de la afectación de la revaluación a algunos sectores, que hace rato deberían haber sido apoyados por el Gobierno.



Es prudente no encarecer los gravámenes a la medicina prepagada o a las pólizas de seguros adicionales de salud. Su uso ahorra recursos públicos, que el Estado puede dirigir a apoyar a los más pobres, y a quienes, afiliados al Régimen Contributivo, no tienen acceso a este tipo de seguros extras.



La reforma, en cuanto a los estímulos a la inversión, podría afectarlos en 8 puntos de los 33 del impuesto de renta. Por razones de seguridad jurídica, en el caso de las zonas francas, no hay razón para beneficiarlas de cargas parafiscales o cotizaciones de salud, pero tampoco para aumentarles la tarifa del 15% de impuesto de renta. Referente a los hoteles, que tanto empleo han creado por la seguridad y los estímulos, la discusión dará luces sobe si conviene o no aplicarles la norma propuesta. Celebro que se haya desistido de seguir desmontando estímulos como los que aplican a los cultivos de tardío rendimiento. Para que no haya dudas debería quedar en claro que el estímulo se mantiene frente a los dos pilares en que se divide el impuesto de renta: uno de tarifa del 25% y otro de 8%.Competitividad. Pongamos cuidado a la competitividad de Colombia, habíamos pasado de estar en un rezagado lugar 80, al 37, que nos colocaba de primeros en América Latina. No puede ser que ahora estemos en retroceso.

El partido social de unidad nacional y la vocación de centro democrático. Este Partido Social de Unidad Nacional debería tener una vocación de largo plazo. No es bueno para la estabilidad democrática tener partidos por razones de momento.
La revolución de las comunicaciones produce su efecto en la política. El privilegio de la información y del análisis cada día es más reducido. En consecuencia, los partidos dependen hoy crecientemente de la opinión y en contrario sentido de sus cuadros. La tarea de los cuadros es procurar una sintonía diáfana con la ciudadanía. En este orden de ideas, es más importante la credibilidad en el largo plazo que los golpes de opinión o de encuestas. La credibilidad tiene costos. Paradójicamente, la consecuencia y la congruencia, que son las bases de la credibilidad, conducen a momentos en los cuales se pierde imagen. Pero la persistencia hace que prevalezca la credibilidad sobre los altibajos de la imagen. Por supuesto hay un reto dialéctico: ¿Cómo evolucionar sin perder el camino? La respuesta es mantener el rumbo, mejorarlo, introducir ajustes pero no moverse con bandazos.

Los partidos de opinión, para tener larga vigencia en el ejercicio de la democracia representativa, deben mantener una permanente actividad en la democracia participativa. El ejercicio del diálogo comunitario, durante los años de nuestra administración, debió ayudar a elevar la confianza en las instituciones. Tanto en 2002 como en 2010, los colombianos acudían a los Consejos Comunitarios a presentar sus quejas, pero con una gran diferencia: en 2002 con una dosis de rabia y en 2010 con un buen nivel de confianza. Me duele que el diálogo actual con la comunidad sea más mediático y de menor comunicación efectiva con los ciudadanos. Me duele que se haya reversado en materia de interlocutores. Hoy, desafortunadamente, adquiere de nuevo más peso el diálogo con los criminales que con los colombianos respetuosos de la Constitución y de la ley.

Los partidos de clases o de intereses sectoriales perecen tarde que temprano. Los que defienden privilegios se vuelven rápidamente antipáticos al sentimiento popular. Los populistas duran más pero terminan en la trampa de su incapacidad de dar soluciones de fondo e irreversibles. Se requiere de partidos incluyentes, con trabajadores y empresarios, ajenos a los odios de clases, regidos por la solidaridad. Deben ser guiados por principios, que a su vez sean aplicables, esto es, por convicciones e ideales, pero no por simple retórica. Las visiones pragmáticas deben respetar los principios.

Hace un año, en recorridos por la Patria, con motivo de las elecciones regionales, hablábamos de la necesidad de que este partido sea un faro del Centro Democrático. El Centro Democrático, ese necesario equilibrio entre la seguridad, la inversión y la política social. Hoy, respetuosamente, lo reafirmo. Esto lleva a ser una fuerza de coalición distinta a la mecánica política, coalición con sectores independientes y políticos, sociales, del trabajo y de la producción. Desde esta Asamblea llamo a las directivas y a las bases del Partido Social de Unidad Nacional para que no se desconozcan las ideas que inspiraron su creación.

La seguridad es una categoría permanente y universal, con o sin acuerdo con el terrorismo.

La inversión necesita ser incluyente y contar con una gran acogida comunitaria. Nada se debe oponer a que cualquier contrato de inversión, doméstica o extranjera, se revise ampliamente con la comunidad. El necesario equilibrio entre los intereses de las comunidades y los de las empresas, impone no cerrar las puertas a la discusión ciudadana, no hostilizar a la empresa, no reprimir la protesta social, no permitir la intromisión de la violencia. Así lo hicimos en la Jagua y en la Loma y preguntamos ¿Por qué no hacerlo en Montelíbano? Y nos invade la preocupación por el hecho de que la inversión minera, sus relaciones con los habitantes y el medio ambiente, ya no se analiza con las comunidades mientras los terroristas usurpan su vocería, a sabiendas que son los grandes extorsionistas de minas legales e ilegales.
El estado participativo y austero. Atender las exigencias de un partido como este, cuyos tesis y ejecutorias se ajusten al Centro Democrático, demanda contar con un Estado Comunitario austero. Al Gobierno le ha faltado la disciplina de la austeridad. No es una cuestión de estilo sino de ejemplo, de consideración con los recursos públicos. Deploro que gastos de funcionamiento, de aquellos que el Gobierno podría controlar, como los servicios personales, hayan crecido más el doble de la inflación, con variaciones de año a año entre el 7.25% y el 13.51%. Resulta difícil entender que un Gobierno, que recibió una gran herencia de inversión, gracias a la cual el recaudo tributario ha pasado, aproximadamente, de 67 billones de pesos a 100 billones, todavía tenga déficit.

Hay que escoger entre el Estado Social, léase Estado del Bienestar, o el Estado Derrochón. En algunos aspectos el espejo de Europa es claro: en nombre del bienestar arribaron al derroche, que ya pone en entredicho la sostenibilidad del bienestar.

Hay que escoger entre el Estado Social o el Estado Burocrático. Las bonanzas de ingresos ni los estatutos de descentralización deben patrocinar el gigantismo burocrático. En España, en las últimas décadas, pasaron de 700 mil a 4 millones de funcionarios oficiales. En nuestro medio el Gobierno Nacional no da ejemplo, y en muchas regiones, a pesar de barreras saludables como la ley 617, crean remedos burocráticos insostenibles. Da tristeza ver la expansión de cargos en el Gobierno Central o los gabinetes inflados en pequeños municipios.



¡Cuánto mejor financiar las iniciativas empresariales de los jóvenes, las familias en acción, la universidad pública, que gastar las cuantiosas sumas de la propaganda del Gobierno!.

Asamblea de la U, octubre 28 de 2012

Las regalías y los auxilios parlamentarios. Esta Asamblea integra a colombianos de todas las regiones, lo cual obliga a hablar del tema de regalías. Es indudable que, por efecto de seguridad, inversión y precios, al haber pasado este rubro de 2 billones de pesos a 9 billones, haya necesidad de redistribuir. Sin embargo, hay que diferenciar la redistribución equitativa del despojo, que puede crear serias perturbaciones de gobernabilidad en las regiones productoras.

No le hace bien a la democracia ni al Congreso que en el Casanare o en el Meta o en el Huila sientan que hubo despojo de regalías y al mismo tiempo se hayan revivido auxilios parlamentarios. Estos, en ocasiones, son fuente de corrupción de contratos para financiar campañas o se constituyen en gasto no prioritario. Ojalá se pongan en marcha los grandes proyectos ofrecidos. Sin embargo, no podemos continuar en el dilema entre centralización o corrupción. Tiene que haber descentralización con orden, acertadas ridades y transparencia.

La paz con impunidad. Distinguidos integrantes de la Asamblea y compatriotas, regresemos de nuevo al tema de la paz, anhelada por todos los colombianos de bien y que estábamos ganando.

Sin embargo, la paz con impunidad es un mal ejemplo para la cultura de respeto a la ley, a cuya cimentación contribuye la seguridad democrática. La impunidad obstaculiza el perdón por el recelo que en el alma de cada ciudadano genera el triunfo transitorio del criminal. La impunidad desprotege a las víctimas. Si bien la tristeza de las víctimas es irreparable, los esfuerzos de reparación plantan en el alma las semillas de perdón. La impunidad reduce a las víctimas a mercancías electorales de quienes no se comprometieron en el combate a los victimarios.

Algunos interlocutores me dicen que al firmarse la paz con la Farc, el júbilo colectivo anulará cualquier posición de principios como la de no impunidad. Podría entenderse que la paz, por la utilidad que entraña, debe prevalecer sobre la justicia. Hasta aquí el utilitarismo de Jeremy Bentham derrotaría el imperativo moral de Kant. Sin embargo, una paz con impunidad es un estímulo a los criminales para insistir en sus actividades con la pretensión de recibir el tratamiento indulgente otorgado a la Farc. Ya los paramilitares mandan cartas al Gobierno reclamando idéntica indulgencia. Las Bacrim, que en el número de integrantes y en sus delitos no son inferiores a la Farc, pronto pedirían la misma impune absolución.



En consecuencia con lo anterior, una paz sin justicia, como todo pragmatismo que ignora los principios, puede dar utilidad inicial, pero sobrevendrían grandes pérdidas, que pagarían las nuevas generaciones.



Las Farc en Oslo y la Marcha Patriótica. El discurso de la Farc, pronunciado desde la cómoda zona de despeje de Oslo, sin el calor tropical ni los mosquitos del Caguán, a algunos nos genera este tipo de reacciones:



¿Cuál es la necesidad de haberle devuelto semejante protagonismo mediático a un grupo terrorista? Asesinan y tienen la osadía de distorsionar ante el mundo la realidad de nuestra gran democracia, en trance de solucionar los graves problemas sociales. Al terminar el Caguán, voceros oficiales expresaron que el gran logro era haber declarado terrorista a la Farc. Años antes, al promulgarse la Constitución de 1991, el Gobierno dijo que ”se cerraba para siempre la posibilidad de dar reconocimiento político a quienes persistieran en la violencia”, ahora, los mismos actores, expresan desde Oslo que “lo que tienen para ofrecer a las FARC es su reinserción a la vida política del país para que luchen por sus ideas a través de las urnas”.



El mundo ya los conocía, no hay razón para permitir este retroceso.



Toda agrupación terrorista se arropa en justificaciones sociales y de diversa índole.



Si la Farc es consecuente con el discurso de Oslo, la negociación implicaría que el Gobierno dé paso al modelo Castro Chavista. Si el Gobierno lo rechaza, como debería ser, la negociación se rompe.



Hay varios elementos que pueden traer a Colombia muchas pérdidas: Haber descuidado la seguridad; habilitar al terrorismo como oposición política; hacer un acuerdo con impunidad o permitir el modelo Castro Chavista; y finalmente, entrar en la incertidumbre en un país que había definido un horizonte de certeza. Si el discurso de Oslo era para la galería, puede ser que Chávez indique a la Farc que negocie, firme un acuerdo para aprovechar la amplia impunidad ofrecida, y que a renglón seguido, él ayudará a financiar las elecciones para la toma del poder con la Marcha Patriótica. Los nuevos y viejos totalitaristas saben utilizar las elecciones para tomarse el poder y también para no entregarlo. Las presiones de la Farc a alcaldes, para que ayuden a la Marcha Patriótica, y las amenazas a ciudadanos para que se vinculen a ella, demuestra que se está de regreso a la combinación de las formas de lucha: violencia y política en simultáneo.Deploro que el abandono gubernamental al diálogo comunitario, que encaraba todos los problemas sociales y construyó avances de soluciones generadoras de válidas esperanzas, traslade la personería de las soluciones a las nuevas Máscaras Patrióticas, que la Farc utiliza y cuida con la asechanza de sus fusiles. El modelo castro chavista. Colombia no necesita emular con los fracasos del Castro Chavismo. Cuba ha sobrevivido en su desastre por los subsidios de Unión Soviética y los recibidos de Venezuela, gracias a la bonanza de precios del petróleo. No olvidemos que el subsidio soviético se terminó con el colapso del imperio, ocurrido por falta de calidad de vida, en razón de la obsolescencia productiva del totalitarismo sin iniciativa privada. Estos subsidios, actualmente chavistas, le permiten al régimen castrista presentar que eliminó la miseria extrema, pero no le han alcanzado para disimular que toda la ciudadanía está condenada a la pobreza y anulada en su creatividad. Tanto que se ufanaron de la educación y la salud y ya se retrasaron por falta de tecnología e iniciativa privada.
A Chávez le correspondió el ascenso del precio de petróleo de 12 dólares a 100 dólares por barril. Con semejante bonanza, lo que ha hecho en política social, a través de las misiones, habría podido ser mucho mayor de no haber dilapidado el dinero y arruinado la iniciativa privada. En efecto, tienen que importar el 70% de los alimentos, lo que un venezolano compraba en 1998 por un bolívar hoy le cuesta 168 bolívares. Es real lo que parecía imposible: la economía colombiana ha sobrepasado a la venezolana. El endeudamiento y la crisis de producción son de tal magnitud, que las misiones sociales, a pesar del petróleo, parecen insostenibles en el largo plazo. Venezuela antes registraba 4 mil asesinatos, hoy más de 19 mil por año. El Gobierno se ha apropiado del 57% de los medios de comunicación, los demás sufren bozales con púas. Las ventajas electorales de Chávez hacen inocuas las garantías de la oposición.Dilemas. No pongamos en riesgo nuestras libertades ni opaquemos la convicción colectiva ganada sobre el necesario equilibrio entre la inversión y la seguridad.

En lugar de la peligrosa demagogia contra los cultivos de los Llanos Orientales o la planta de biocombustibles instalada por industriales vallecaucanos, nosotros necesitamos muchos más cultivos y muchos más empresarios que generen empleo de calidad. Y muchos más trabajadores en relación solidaria y participativa. Recordemos a los trabajadores que los viejos y los nuevos comunistas les ofrecen la dictadura del proletariado, beneficios infinitos, y al fin de cuentas los esclavizan en el estancamiento del bienestar y en la negación de las libertades. Trabajemos con el Vicepresidente Angelino Garzón con la visión cristiana de las relaciones entre empleadores y trabajadores e invitemos a la idea moderna del sindicalismo de participación.
En lugar de ocultar la extorsión y las bombas contra los pequeños empresarios, nosotros necesitamos apoyar millones de pequeños empresarios y su integración con los medianos y grandes.
En lugar de mirar para otro lado y no enfrentar la penetración guerrillera en la universidad, sembradora de odio de clases y fanatismo desorientador, nosotros necesitamos la universidad masiva, científica, crítica, constructiva y sin violencia.

En lugar de permitir que el crimen reclute a nuestros jóvenes, nosotros necesitamos ofrecerles más educación y gestionar recursos públicos y privados que aporten capital y asesoría a las iniciativas de emprendimiento de las nuevas generaciones.
En lugar de arredrarnos porque nos quieren graduar de enemigos de la paz, defendamos la paz sin impunidad y la democracia sin violentos. La paz con impunidad es flor de un día y niega el derecho de las nuevas generaciones a la no repetición de la violencia, que es la más importante de las reparaciones.

En lugar de permitir que nos acomplejen los adversarios o arrepentidos de la seguridad, con su decir que es guerra, que solo sirve a los proveedores del Ministerio de Defensa, manejado honorablemente, con independencia y rectitud frente a sus contratistas, defendamos la seguridad como valor permanente de la democracia y fuente insustituible de recursos sociales.
En lugar de que nos retiren de la política los que anticipan que con la paz con la Farc se acaban nuestras motivaciones y nuestras tesis, tomemos renovadas energías para seguir en la lucha integral por una Colombia con rectitud, creatividad, prosperidad y equidad.
En lugar de dejarnos llevar por voces de moda de una supuesta izquierda, bien acomodada por cierto, que en Francia denominan socialistas de caviar, que el embajador Carlos Holmes Trujillo enfrentó con dignidad y reciedumbre, no cesemos en advertir el riesgo de que los nuevos comunistas, como los anteriores, finalmente devoran a sus iniciales amigos, a quienes desde la época de Lenin han considerado sus “idiotas útiles”.

En lugar de dejarnos conducir por voces y editoriales extranjeros dedicados a encontrar justificaciones del terrorismo, apoyemos a quienes arriesgan su integridad, sus familias, su trabajo, sus recursos, su talento, en las calles, factorías y campos de Colombia.

En lugar de aceptar que en nombre de la libertad de prensa se consolide un unanimismo periodístico, animemos la discusión y el debate. No permitamos que cuando en otros países se expropia la propiedad de los medios de comunicación, aquí se enseñoree la costumbre de expropiar la independencia periodística. Confieso que admiro el carácter y la consecuencia de Francisco Santos y de Fernando Londoño Hoyos.

En lugar de temer ante las cuantiosas sumas de publicidad oficial, recordemos que durante los 8 años de la Seguridad Democrática nunca utilizamos recursos de publicidad para condicionar o filar a los medios de comunicación. Repitamos que preferimos austeridad de publicidad, más diálogo popular, mejores carreteras, más educación, más recursos para Familias en Acción.

En lugar de caer en la trampa de negociar la llamada “Humanización del Conflicto”, recordemos que nuestras Fuerzas Armadas no necesitan acuerdos con el terrorismo para cumplir con los Derechos Humanos. Los terroristas piden “humanizar el conflicto” con el fin de obtener licencia para asesinar a nuestros soldados y policías, cuyas vidas estamos obligados a defender y a apreciar tanto como las de los civiles. Recuerdo al General Oscar Naranjo afirmar que nuestra resuelta defensa de los policías y soldados, era una especie de salario emocional, adicional al pecuniario, que fertilizaba la eficacia y la transparencia. La ruta ambigua, que hace sospechar la nivelación de la fuerza pública con el terrorismo, significa salario depresivo para el compatriota uniformado. 

Estimados compatriotas:

Esta Patria nuestra ha contado con gobiernos serios, buena reputación internacional por el manejo de sus obligaciones, una ciudadanía a la cual se le reconoce su capacidad de liderar, imaginar, crear y trabajar. A Colombia la ha guiado un profundo respeto por las libertades, abusadas por una minoría terrorista que ha obstaculizado nuestras posibilidades de progreso. Esa minoría nos ha condenado a un inmerecido mediocre desempeño. Los colombianos, en nuestros debates y en nuestras visiones, somos capaces de superar nuestros problemas, de construir la más importante nación de la América Latina y Caribeña. No permitamos que la horda sanguinaria vuelva a copar la agenda del País. No borremos de la memoria el evento, sin par, de hace 5 años, cuando convocados por los jóvenes de las redes sociales, 12 millones de colombianos salieron a las calles a decirle no al terrorismo.

Estimados asambleístas:

La política y la medicina tienen semejanzas: el médico, al mirar al paciente, le observa iniciales síntomas peligrosos, que el paciente no ha advertido aun porque se siente en perfecto estado de salud. El político tiene el deber de anticipar riesgos del cuerpo social de una nación que momentos de euforia ignoran. De mi solamente se decirles que soy un soldado de la lucha que lo único que pide es salud y protección de Dios.



Muchas gracias.

http://www.periodismosinfronteras.com/discurso-de-alvaro-uribe-en-la-asamblea-de-la-u.html


domingo, 7 de octubre de 2012

CONSERVADORES…AL DÍA DE HOY EN UN COMA IDEOLOGICO INDUCIDO.



Muchos hemos nacido conservadores, hemos actuado como militancia de tuerca y tornillo, con disciplina y fervor; así no estuviéramos de acuerdo con muchas cosas. Nuestras opiniones, posiciones y acciones han estado iluminadas desde siempre y con uso de buenas razones - por el verdadero sentir de Bolívar el Libertador, -no el chavista-. De la memoria histórica de los verdaderos conservadores hemos buscado faros luminosos como buenos ejemplos de los incomparables Leopardos, hemos tratado de rescatar la realidad política de grandeza y dignidad del Mariscal Álzate, y, esa adhesión sentimental, nos abrió nuestros sentimientos a un escenario desalentador contrapuesta al estudio del programa de 1849, discordante al pensamiento realista de Núñez, a las inconmovibles iniciaciones de Caro y las propuestas políticas de la regeneración. El actual espíritu de resignación a la grandeza, hoy es el se vive en el partido oficial.

La Doctrina social del catolicismo desterrada por manzanillos oportunistas que lo único que les importa es saquear un cadáver insepulto, o peor cambiar su naturaleza bajo la mejor técnica de infiltración.

La pérdida de la filosofía de Mounier que en su momento que durante muchos períodos alimento en buena forma el sentido ideológico de un Partido Conservador, y que al día de hoy ya no se reconocen al interior de los militantes oficiales, “’por no estar de moda.”’

Al día de hoy en la práctica ser conservador es una actitud de vida, no una ideología de partido. El ser conservador es un aguante a actitudes perniciosas contrarias al ser humano como el aborto, la eutanasia, es afrontar al arribismo emergente del comunismo del siglo 21 o de aquellas doctrinas populacheras mentirosas e inexistentes del gobierno oficialista, no una reverencia con guiño cómplice .

Los conservadores oficialistas temen exigir respeto a las instituciones, permiten un proceso de paz ilegitimo e injusto y lo que es peor sin que aparezca un conservador en la mesa que sirva de garante, se olvidó el respeto por las jerarquías fundadas en la responsabilidad social, en los servicios y funciones que se prestan a la comunidad, hoy las líneas de autoridad que vertebran a los conservadores son sosas y cortas.

Ahora el partido de Caro, Ospina Laureano de Álzate, Holguín y Bolívar, es remiso. No es capaz de transitar sólo, no tiene camino propio. Esta disipado en su tiempo, en su estilo, y sus representantes huérfanos de historia y merito, no saben ya que decir, que hacer las cosas que lo identificaban como otra opinión, la otra alternativa, ya no existe al interior del oficialismo del partido no hay espacios para los conservadores de tuerca y tornillo. Se llego el momento de liderar un Movimiento regenerador y ese es un regalo que solo los jóvenes conservadores de verdad le deben hacer a Colombia.

Por

Jonathan F. Delgado

jueves, 6 de septiembre de 2012

El parecido entre Santos y Petro

Antes a los políticos les bastaba ganar las elecciones y ejecutar lo que bien les parecía; había una elección basada en las condiciones de liderazgo personal que engalanaban a los candidatos, y se confiaba en que su criterio servía para solucionar las cuestiones que afectaban la vida de todos. Luego el cargo público avanzó para hacerse más representativo; fue necesario un vínculo más fuerte entre electores y elegidos, los programas de gobiernos se convirtieron en una pieza esencial para la democracia. Se elige para que haga unas determinadas tareas, más que por sus calidades personales -sin que aquellas puedan excluirse. El proceso se siguió sofisticando; en la medida en que las comunicaciones son más efectivas, los ciudadanos de apartadas zonas al igual que los de las capitales tienen capacidad para expresar sus ideas y manifestar su inconformismo; ahora no sólo es necesario un programa sino que la ciudadanía participa. Las decisiones de los gobernantes se evalúan casi instantáneamente. Esto impone un nuevo reto a los elegidos, que deben aceptar su condición de servidores públicos.

Hay una pregunta central en el quehacer político que cobra, en este contexto, la mayor importancia, a saber: ¿debe la política cambiar la sociedad para hacerla mejor? Parece, en una primera lectura, una cuestión obvia; claro que todos queremos estar mejor. Sin embargo, no deben pasar desapercibidas las sutilezas que la hacen más compleja. ¿Quién debe decidir lo que es mejor? Esta cuestión implica la reflexión en torno al poder de la democracia y, la legitimidad y límites que tienen los gobernantes para tomar decisiones a nombre de todos.

Otro asunto por considerar es la naturaleza de la decisión misma; sus implicaciones. Parecería aceptable que la política abogue por el mejoramiento de los aspectos económicos, para que todos tengamos mejores condiciones de vida. Esto incluiría la provisión de bienes públicos (defensa, lucha contra la pobreza), incluyendo bienes con externalidades positivas para la sociedad (salud y educación), la protección de los recursos comunes… Hasta que aparece la difícil cuestión de la moralidad. ¿Debe la política incluir aspectos morales; para que todos seamos mejores personas, para que la sociedad sea mejor?

Cuando todos estamos de acuerdo con lo que es bueno, la respuesta es sencilla. Sin embargo, lo que se considera bueno no necesariamente es lo mismo para todos. La economía enfrenta el dilema con el concepto de bienes meritorios. Por ejemplo; usar el cinturón de seguridad. Cuando se hizo obligatoria la conducta muchos ciudadanos sintieron vulnerado su derecho a la libertad, pues se entendía una conducta esencialmente privada. Los teóricos hicieron ingentes esfuerzos para estudiar si existía un fundamento para la prohibición y aunque el debate subsiste, algunos concluyeron que se trataba de un bien privado que revestía un riesgo individual y por ello el Estado podía regularlo. Es el mismo caso de la prohibición de las drogas y del alcohol.

El asunto es que hay bienes privados, conductas esencialmente privadas cuyo daño se circunscribe a quien lo practica. El Estado en principio debería ser neutral, pues en teoría no debe asumir posiciones morales; pero cada vez más aparecen bienes meritorios.

La obesidad, por ejemplo, ilustra el caso. Es creciente la preocupación social por la “epidemia de obesidad”. A medida que la sociedad lo ha exigido, el Estado ha optado por incentivar conductas que la combatan: reformar los menús infantiles, etiquetas informativas en los productos. Poco a poco avanzamos hacía un contexto donde será más abierta la acción estatal para evitar la gordura.

Este caso contrasta con lo que vivimos en Colombia donde los mandatarios no sólo se sienten capaces de saber lo que es mejor, sino que no reflexionan mucho sobre el asunto de imponernos sus propias convicciones. Tenemos un Presidente que tenía un programa y un ideario por el que fue elegido, y que luego se creyó superior al mandato de sus electores. Y un Alcalde en Bogotá que todos los días aparece con decisiones que a él le gustan y que le parecen buenas y pretende instruirnos a todos. Esa suficiencia moral de nuestros gobernantes empieza a cobrárseles; las sociedades de alguna manera saben qué quieren y para dónde van; y no buscan ni creen en iluminados que las conduzcan.



@PalomaValenciaL



Enemiga de la Paz

Enemiga de la Paz


Cada vez que alguien hace críticas sobre la ‘Paz’, se lo declara enemigo de ella. Es un título duro para los críticos, más aún cuando ‘Paz’ es concepto mezclado, sin forma, misterioso, del que nadie podría dar una explicación coherente.

‘Paz’ como el ideal humano de la vida en perfecta armonía es la utopía de todos. Contra ella sería impensable la oposición, ridícula la crítica. Sin embargo, conviene distinguir el efecto retórico de este sueño, de la realidad de sus posibilidades, nadie es tan ingenuo para suponer esa PAZ posible.

Descartado el exceso, nos queda algo referido al conflicto, algo que no es preciso y que se mueve entre los dos extremos que suponen la capitulación de uno de los bandos. Para nuestro caso, la capitulación de los violentos implicaría su rendición y su sometimiento a la Justicia, y por el otro lado, la capitulación de la sociedad significaría que los violentos se asen al poder y la sociedad se someta a sus designios. Hay en el medio una infinidad de posibilidades y combinaciones.

En este contexto es claro que no toda paz es deseable o buena; y que estas apreciaciones corresponden en gran medida a la posición en la que uno mismo se sitúa en el conflicto. No es lo mismo ser quien capitula, que ser parte de quienes reciben y aceptan la capitulación del enemigo.

La ‘paz’ no es sólo un nombre; no es sólo una ilusión; no es sólo un recurso político; proponerla tiene responsabilidades y exige significados precisos. ¿Qué tipo de paz nos ofrece este gobierno? ¿Qué y hasta dónde va a ceder la narcoguerrilla, qué la sociedad?

El documento que se firmó -de espaldas al país- se parece más a una capitulación de la sociedad ante los violentos que de ellos ante nosotros. No es posible saberlo con precisión porque el proceso ha sido oscuro y excluyente.

Este como ningún otro es un asunto de la Nación entera, de cada uno de sus integrantes. Sólo será posible construir el fin del conflicto con el concurso de todas las fuerzas de la Nación. Este no es el caso; Santos no representa a la mayoría de sus electores, desde hace mucho, quienes votamos por él nos sentimos ajenos y excluidos. Quienes aparecen como negociadores, los gobiernos de Venezuela, Cuba, Chile y Noruega tampoco representan en nada a la Nación colombiana. Menos aún quienes se suponen han venido negociando como Frank Pearl, Jaramillo o Enrique Santos -hermano del presidente. Aquellos que gozan de la confianza del Presidente no son los mismos que pueden representarnos como nación o que pueden darnos tranquilidad.

Tampoco genera confianza un Presidente que sin ningún pudor ha mentido. Dijo en varias entrevistas que no había diálogos de paz. Lo dijo, lo repitió, lo aseguró, pidió rectificaciones a quienes se atrevieron a darle credibilidad a los rumores, nos engañó. ¿Cómo creerle ahora?

El tema del narcotráfico es el gran ausente en este debate. Este es y seguirá siendo el foco fundamental de los problemas colombianos. No creo que haya una diferencia sustancial entre la situación actual, donde por posiciones políticas, algunos se sienten legitimados para matar, secuestrar, extorsionar, remplazar al Estado y traficar drogas; que una situación en la cual se den todas esas conductas bajo el rótulo de la delincuencia común. El problema no es el discurso, es su efecto sobre la sociedad. La paz no es un tema trivial, ni un tema del Gobierno. Exigimos claridad, trasparencia y respeto por los principios democráticos que inspiran a esta nación

Condiciones Para los Negociadores

Nombró personas que seguramente le dan confianza a él, pero que no representan a los colombianos. Escogió como si se tratara de un asunto suyo, personal, eligió sus asesores, incluso se atrevió a colocar a su hermano que jamás ha hecho parte de la vida política del país.

Una cosa es una negociación con los violentos centrada en las condiciones de su reinserción; donde se discuta la obligación de justicia, verdad y reparación que le corresponde a los alzados en armas. Ese tipo de negociación podría ser llevada por casi cualquier colombiano sensato que entienda el dolor de las víctimas y logre equilibrarlo con las cesiones de una sociedad que busca la paz. Concesiones que se limitarían al número de años en prisión, las características del desarme, los bienes que pueden conservar los violentos… en fin, decisiones referidas a cuánta justicia cederá la sociedad para persuadir a los violentos de dejar las armas.

Otro escenario –muy distinto- es el de la negociación propuesta por este gobierno. Según el documento firmado, la agenda en nada se parece a la descrita; por el contrario abre la discusión sobre los temas más importantes del país. Son transacciones que pueden comprometer el futuro, puede imponernos un régimen socialista. Puede ser el triunfo de las armas sobre la voluntad popular, la oportunidad para que los violentos impongan sus ideas irrespetando las mayorías democráticas. Es un riesgo inminente que no podemos desconocer.

Los negociadores deberían ser personas con una ascendencia democrática, personas que nos dieran garantías de que están comprometidas con la voluntad del pueblo colombiano, por encima de sus propias vanidades e ideologías. Las fuerzas vivas de la nación deberían estar representadas. La provincia colombiana tan afectada en este proceso debería tener una mayoritaria vocería. Bogotá ha sufrido, pero no tanto; e incluso se ha beneficiado del desplazamiento de los mejores talentos de la provincia hacia la capital.

Sin embargo, estamos avocados a un proceso que hacen las personas de confianza del Presidente, como si fuera un tema de gobierno o un asunto de su vida privada. Lo mínimo para que los colombianos estemos seguros es que estos negociadores asuman unos obligaciones expresas con la Nación.

Los negociadores deben firmar un compromiso mediante el cual garanticen que ni ellos ni sus familias abandonarán el país durante los siguientes 7 años (y digo siete recurriendo al simbolismo de infinito). Esto nos daría la certidumbre de que al menos, si negocian mal, tendrán que vivir las consecuencias. Esta obligación debe aplicarse también al Presidente Santos, para garantizar que no esté embarcándose en este proceso con miras a obtener posiciones internacionales, y despejar así esa duda que nos corroe. Serviría también para disminuir las suspicacias que genera el hecho de que Noruega esté entre los gobiernos invitados a esta negociación; Noruega, el país del Premio Nobel.

El segundo y obligado compromiso de los negociadores es que serán ellos los primeros en aplicar sobre sus bienes y sus vidas las concesiones que pacten. El Dr. Eder, por ejemplo, quien representa a los terratenientes, debe comprometerse a que si en estas negociaciones se pacta una reforma agraria serán sus tierras y las de su familia las primeras en ser afectadas. Así mismo, todos deben renunciar a ser parte de los gobiernos sucesivos, de manera que no tengan la tentación de cederlo todo para obtener preeminencias.

Estas son algunas de las obligaciones que se me ocurren, pero debe haber muchas más. Es el momento de plantearlas, de establecer unos límites a las apetencias de los negociadores, y reducir esa odiosa práctica de negociar para que las consecuencias sean para otros.


@PalomaValenciaL

viernes, 6 de julio de 2012

FUERA EL SANTISMO DEL PARTIDO CONSERVADOR

“’La gloria de la patria es vencer o morir.”’
Bolívar a Santander, junio 21 de 1820


El Partido Conservador Colombiano está en deuda con el País. Perdió su horizonte, sus ideales y su responsabilidad todo por votar el proyecto de reforma a la justicia y al mantener el silencio cómplice con el marco jurídico para la paz de aquellos que han cometidos crímenes de lesa humanidad.

El partido conservador se liberalizo, y, lo que es peor se Santifico con el Tiempo. En otras palabras se desnaturalizo con un cuento chino, de lograr una armonía fingida, construida supuestamente por el respeto de los derechos humanos de aquellos que siempre los han violado. Donde con el Tiempo y la falta de carácter se construyó un discurso de apoyo muy aburrido, empalagoso, que lo único que transmite, es la actitud de un de un gobierno narcisista, sensiblero, mentiroso y nada preocupado por los resultados reales y si por el contrario apoyado por encuestas mentirosas y convenientes.

El conservatismo de hoy sustituyo todas las sus motivaciones ideológicas, en las que se fundó, cambio por un manojo de nada o mejor aún; por una muy mala fama, entre otras muy bien ganada. Permitieron que se les lavara el cerebro, por ideas flojas y sin fundamento. Se liberalizaron, se dejaron faltar al respeto por ser tímidos y tibios. POR NO TENER CARÁCTER NI TIEMPLE.

Esta colectividad nunca será creíble ni seria mientras siga en esa tónica manzanilla con el presente gobierno ya que hoy por hoy, esta política no representa el patriotismo, ni el respeto por los valores naturales y mucho menos las familias naturalmente constituidas. SER CONSERVADOR AL INTERIOR DEL PARTIDO OFICIAL REPRESENTA ‘’LA NADA.’’

El PCC se merece lo que tiene por ser Santista. Por seguir un juego flojo, mentiroso, por endiosar al hombre que no respeta a sus semejantes, por jugar a la política de enanos y no por hacer alta política.

Estos conservadores oficialistas no son más que un caballo de Troya contra la verdad nacional, que a su vez se encuentran apoyados de los ex presidentes liberales, incluso de aquellos que no saben leer, que buscan lograr un lúgubre aquelarre fundado en la falta de respeto por la dignidad nacional donde simultáneamente se han dedicado a una persecución sin fundamento de sus propios ideales.

Por eso y solo para describir en estas breves líneas lo corto del pensamiento los hombres cobardes y necios que no merecen ser autoridad, ni respeto alguno por dejar de lado sus principios, es menester decir nuevamente “LOS CONSERVADORES DE VERDAD ESTAN FUERA DEL PARTIDO CONSERVADOR’’ así que quien no actúa limpiamente no tiene la autoridad para enfrentar el autoritarismo extranjero. No tiene autoridad para emitir una opinión seria. Y merece ser condenado a la vergüenza. Por eso como diría Bolívar a Mariano Montilla: “’ el que aplica paños calientes solamente, no es más que un practicante y nunca sube a protomedico” asi que llego el momento de definirse o somos conservadores y nos retiramos de esa mentira de la unidad nacional o el País se pierde en manos de Unidad Nacional que se encuentra infectada por esa letanía izquierdosa que contagio a los representantes del Caro y Ospina quienes se ven obligados a recitar el credo mamerto de un humanitarismo fingido propio de la demagogia y las malas costumbres políticas.



Jonathan Delgado

DISCURSO DEL EX PRESIDENTE ALVARO URIBE

Esta noche nos reúne el ánimo común de rendir homenaje a una personalidad destacadísima, lo expreso por los atributos del homenajeado, pero me veo obligado a precisar que es destacadísima, no porque el doctor Fernando Londoño Hoyos sea una especie extraña al pueblo colombiano, al contrario, es uno de sus más fieles intérpretes.

El reciente atentado costó la vida a dos ciudadanos, de oficio escoltas, sin dobleces, que protegían al dr Londoño. Un conductor de servicio público quedó con severas limitaciones, varios compatriotas de Bogotá fueron heridos, y el país volvió a sentir los explosivos en su capital, con la diferencia de una seguridad democrática en abandono y erosión.

El reciente atentado se proponía privar a Colombia de un periodista que orienta con la convicción y la erudición, insensible a la lisonja, impenetrable a la dádiva, carente de interés por los halagos del poder, orgulloso en la independencia de su proceder y solamente abordable con la fuerza de las ideas. De un luchador sin la frialdad calculada de los desapasionados, pero con la comprometida pasión, la que construye y hace bien, que surge de la tranquilidad por la coherencia entre el pensamiento sobre lo público y la manifestación que se comunica a la ciudadanía. De un jurista de talla superior. Del orador fogoso de la plaza pública y el expositor hilvanado y congruente de la cátedra. Su tono de voz siempre alto, siempre erguida su actitud. Carece de los altibajos que se dan en aquellos que de tanto calcular, tienen que hacer frecuentes altos para volver a barajar, y así salirse de las trampas tendidas por su propia incongruencia.

Se habría comprendido que la reacción gubernamental ante el atentado, además del rechazo, hubiera carecido de precipitud para lanzar imputaciones. Lo que para muchos es inaceptable, es que se habló de mano negra, con la evidente intención de exculpar a los terroristas de la Farc, a propósito de que el crimen no alterara la opinión requerida para avanzar en las negociaciones, que han dejado de ser secretas, no porque haya información oficial, sino porque las delata el debilitamiento de la seguridad.

El día del atentado avanzaba a marcha forzada el Marco para la Paz. En múltiples ocasiones se han expresado los riesgos de impunidad, de abandono a las víctimas y de daño a la democracia al facilitar la elegibilidad política de los criminales. Voces del Gobierno y del Congreso engañan a la opinión ciudadana y también a las Fuerzas Armadas. Dicen en público que Timochenko no será elegible, pero quisieron imponer la elegibilidad del delito de lesa humanidad. Y a pesar de los esfuerzos de Juan Lozano y de Juan Carlos Vélez, todavía, los amigos de tan fatídico camino, preservan la ilusión de incorporar, como conexos con el delito político al narcotráfico y a las graves violaciones del Derecho Internacional Humanitario, y convertir a sus actores en candidatos de elección.

Nos tiene que preocupar que cuando el país había avanzado en la conciencia colectiva, en la cultura militar y policiva, y en el reconocimiento internacional de que en Colombia no tenemos insurgentes contra la opresión sino narcoterroristas contra la democracia, este Gobierno retrocede, los valida como partes del conflicto y de contera impone frenos a las Fuerzas Armadas para actuar con contundencia contra el crimen organizado como las Bacrim.

Y nos tiene que preocupar, todavía más, que varios colombianos, entre ellos muchos de los aquí presentes, nos hemos ido llenando de desconfianza en el doble discurso de la palabra oficial y de algunos miembros del Congreso. Está bien que haya discrepancia, humano es errar, pero se hace daño irreparable al crear desconfianza.

Hace poco, un columnista, me criticaba porque según él, al publicar yo en una cuenta de twitter las noticias sobre los hechos de violencia, los magnifico y hago daño al país y al Gobierno. Qué equivocado resulta pretender construir imagen a través de ocultar la violencia. Mientras unas distinguidas damas en Popayán nos presentaban angustiadas sus preocupaciones por el recrudecimiento de la violencia, un grupo de amables amigos aquí en Bogotá me decía “ex Presidente es que usted exagera, cálmese”.

No, de manera ninguna, el silencio y la indiferencia del pasado, frente a un rio de sangre en cuyas orillas lloraban desconsolados los deudos de los asesinados, no pueden regresar al hábito colectivo. Inaceptable que maten a nuestros soldados y policías y nada digamos, que el secuestro parcialmente lo sustituyan por la extorsión apoyada en el explosivo y no musitemos palabra, que el decrecimiento de asesinatos en campos y ciudades oculte el control territorial del crimen y nosotros mudos.

La crisis de 2002, que recibe nuestro Gobierno, tuvo entre sus causas el esparcimiento de la violencia durante años, que no se le enfrentó debidamente, con los ciudadanos callados y resignados a esperar acuerdos de paz. Si algo ganó Colombia en los años de la Seguridad Democrática, fue crear una cultura que valora la seguridad, la evolución en el sentimiento colectivo que la veía inalcanzable, a la confianza de que es obtenible. Este valor agregado no puede perderse, por eso hay que oponerse a que se estimule el silencio, por eso debemos contribuir a que los ciudadanos protesten y presenten sus quejas. Con muda resignación a parte ninguna iremos, con vocería y lucha todo podrá llegar.

Pero mientras el Marco para la Paz avanza raudamente, se perdió la posibilidad de tener un fuero militar claro en breve tiempo. De acertarse en la aprobación del proyecto del Congreso, para su vigencia requerirá una ley estatutaria refrendada por la Corte Constitucional, proceso que puede demorar 20 meses. Todavía se culpa a nuestro Gobierno de haberlo debilitado por las medidas que empezaron a tomarse en 2003 para proteger los Derechos Humanos y evitar la acusación falsa a las Fuerzas Armadas. Llama la atención que si el problema reside en el acuerdo de nuestro Gobierno con la Fiscalía, durante estos dos años, no se haya al menos realizado un acuerdo de modificación del alcance interpretativo.

Encuentro muy injusto que cuando una ONG extranjera se opone al Marco para la Paz, el Gobierno la desoye en claro beneficio para la guerrilla. En cambio cuando la oposición es al Fuero Militar, el Gobierno, sumiso, corre a retirarlo, en claro perjuicio para nuestros soldados.

Nos duele que la única luz para tantos militares y policías presos sea la oferta de tratarlos de igual a igual con los criminales, y que los obliguen, en contra de su fuero íntimo, a someterse a sentencia anticipada para evitar mayores, en muchos casos, injustas condenas. Los soldados y policías necesitan soluciones jurídicas. Requerimos que el Congreso, a cuya elección contribuimos y de qué manera, trabaje en una jurisdicción, que podría ser temporal, para abordar los expedientes y revisar sus situaciones jurídicas.

Cómo pretender que haya seguridad si nuestros soldados saben que en el ánimo del Gobierno prevalece la intención del diálogo con el terrorismo y en los criminales la vocación de incrementar la violencia!

Cómo pretender que haya seguridad, cuando los beneficiarios políticos de la Seguridad Democrática, que están en el poder, se han olvidado de los soldados y policías, que la hicieron posible, y que están presos, en muchos casos por evidente injusticia.

Cómo pretender que haya seguridad si el Gobierno muestra más interés en rechazar la denuncia que en combatir el terrorismo.

El deterioro de la seguridad, la brecha que se ahonda entre la palabra del Gobierno y los hechos que padecen los colombianos, hace perder la credibilidad en el Ejecutivo, y arriesga que, en el mediano plazo, se desfigure la confianza y el afecto colectivo a las Fuerzas Armadas y se regrese al pasado de indiferencia y aislamiento civil frente a ellas.

Al recrudecimiento de la inseguridad contribuye la inclinación del Gobierno a considerar la legalización de las drogas ilícitas, en abierta contradicción con el discurso de campaña. Se ha tratado de desconocer el mérito de la Reforma Constitucional de 2009, que al hacer énfasis en la ilegalidad, dispone que el consumidor o adicto no puede ser llevado a la cárcel sino al hospital, que debe adelantarse una campaña permanente y envolvente de prevención y educación, pero, que el distribuidor, de cualquier dosis, debe ser conducido a la cárcel. El Gobierno parece menos solidario con las familias afectadas por el invasivo narcotráfico, y más afín con poses libertarias, que desconocen que las drogas anulan la fuerza de voluntad del individuo, que es la esencia de su libertad, y lo convierten en un riesgo para el prójimo. El tema necesita una gran conciencia de inculcación de valores en las familias y de continuada acción estatal. El discurso legalizador del Gobierno produce desgano en el policía para exponerse al riesgo del combate al narcotraficante.

Veo que también “pertenecen al pasado” acciones que ayudaban a mejorar la seguridad como la organización de 4 millones de ciudadanos informantes, desarmados y apoyados en comunicaciones, los lunes de recompensa y las familias guardabosques.

Debemos preguntar por qué el Gobierno escondió el Convenio de lucha contra el Narcotráfico con los Estados Unidos, cuyas negociaciones condujo nuestro Ministerio de Defensa, en sus inicios con la administración Bush y en la etapa crucial y final con el Presidente Obama. Objetado por el Consejo de Estado por qué este Gobierno no lo presentó al Congreso, para su ratificación, donde ha tenido mayorías que rayan con la unanimidad. E inquieta más sospechar, con fundadas razones, que fue para complacer a algunos vecinos latinoamericanos, descuidados y laxos con el narcotráfico, a los cuales se les tolera acuerdos nucleares con Irán.

Temo que en materia de economía y política social el Gobierno haya recogido una buena cosecha que heredó, se esté gastando incluso las semillas y volvamos a ritmos mediocres de desempeño.

Mucho influyó en la elección del actual Gobierno nuestro reiterado esfuerzo para fijar en el alma de los ciudadanos la necesaria relación entre la Seguridad Democrática, la Confianza Inversionista y la Cohesión Social. Además de las malas señales de inseguridad, hay otras que no pueden desestimarse en el frente económico.

Nuestro Gobierno logró que la tasa de inversión productiva del sector privado, sin la cual no hay empleo, pasara de un 8% del PIB a algo superior al 22%. La presente administración heredó esa tendencia pero parece ignorar sus orígenes. Le quitaron a toda la economía el estímulo a la reinversión de utilidades; si bien el petróleo, el carbón, la minería, la propiedad raíz, la actividad financiera ya no la necesitaban, las otras actividades si. Es un riesgo cambiar de reglas de juego en un país que apenas ha estado apareciendo recientemente en las pantallas de atracción de inversión. Nosotros le cobramos el impuesto de seguridad democrática a los más pudientes pero simultáneamente dimos incentivos a la inversión. Simplemente bajar el impuesto a los grandes patrimonios, como lo han decidido en otros países, es un albur, las sumas que ahorran en pago de tributos, no necesariamente van a inversión. Lo nuestro fue diferente, nuestros apoyos se condicionaron a la efectiva expansión productiva y de servicios, fuentes de empleos de calidad.

Para cobrar impuestos hay que crear inversión que al final del día pueda pagarlos. Por eso sorprende que el Gobierno actual haya sido receptivo a aquellos que menosprecian los estímulos a la inversión y los llaman “gabelas a los ricos”. Y sorprende más ante la evidencia del impacto positivo de los estímulos.

Ahora, en medio de un clima preocupante en la economía mundial, se amenaza con nueva reforma tributaria. Fuera de la intención de desbordar el gasto público y maltratar la inversión, no hay razones para más impuestos. El Gobierno heredó una bonanza de ingresos, el años pasado el recaudo superó los 86 billones, esto sin incluir los impuestos municipales, departamentales, los parafiscales y los pagos del empleador a la seguridad social. Al inicio de nuestro Gobierno la suma estaba por debajo de 30 billones.

Los incentivos a la inversión, no a la gran fortuna, retornan con creces al fisco el aparente costo inicial por incorporarlos. Los estímulos, al cabo de algún tiempo, hacen que el recaudo crezca, en su valor relativo, esto es, como porcentaje del PIB. Suprimirlos simplemente da razones de desconfiar en la seriedad del País.

Y hay otros estímulos, que se crearon apenas hace pocos años, totalmente necesarios como la ley de estabilidad en las reglas tributarias, sometidos a desaceleración o parálisis en su aplicación.

Es frecuente escuchar anuncios y reversas que desorientan y asustan a empresarios y trabajadores. Los anunciantes, por lucirse con una denuncia de corrupción, lanzan el manto de la duda sobre todo un sector de la economía o de los servicios.

Da la sensación que la teoría económica de los académicos que dirigen la política oficial es ajena a los intereses productivos y de empleo.

Nuestra moneda ha continuado revaluada, tema que fue uno de nuestros dolores de cabeza. La diferencia es que nosotros no vacilamos en apoyar a los exportadores para mantener las nóminas de trabajadores. Esos apoyos los suprimieron con el pretexto de acusar a nuestro Gobierno de que eran corruptos. Sería lamentable que a pesar de los tratados de comercio se desacelere el incremento, e incluso se disminuya el volumen de las exportaciones no tradicionales.

La Ley AgroIngresoSeguro fue concebida para apoyar la competitividad nacional e internacional del sector agropecuario, en el marco de los tratados de comercio que incluyen países como los Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea, que subsidian altamente a este sector. La ley ha sido sometida a un profundo descrédito, se le cambia de nombre, y aunque la quieran esconder, su texto y sus bases fundamentales cobran toda la vigencia. El Gobierno se queja de que no estamos preparados para competir, pero paró por largo rato el apoyo al campo, y ahora lo maneja gota a gota y a regañadientes.

Nadie discute el imperativo de destinar el mayor porcentaje de los recursos a los pequeños y medianos productores, así lo hizo nuestro Gobierno, sin embargo, la empresa agropecuaria grande y organizada es necesaria para el mundo actual. Esto último se soporta en muchos argumentos que se resumen en uno: para el año 2030, y 18 años pasan en nada, la población del planeta necesitará un aumento del 50% en la producción de alimentos, con el obstáculo de una reducción de la productividad, que anticipan entre el 15% y el 25%, como efecto del cambio climático. Esta meta no se podrá cumplir en ausencia de grandes empresas agropecuarias.

La empresa Argos tenía un proyecto de 40 mil hectáreas de reforestación en los Montes de María, una alta proporción mediante convenios con campesinos propietarios, quienes preservando plenamente la propiedad de sus tierras, las harían producir a través de este tipo de asociaciones. El proyecto está estancado en 2 mil hectáreas debido al discurso político amenazante. Para conocer la bondad de este tipo de asociaciones, entre empresas serias y pequeños propietarios, basta visitar a María la Baja, en el extremo norte de Montes de María, allí, un viejo proyecto de reforma agraria había dejado las tierras en rastrojos y los campesinos propietarios sin ingresos. Con los instrumentos legales y la voluntad de nuestro Gobierno se obtuvo lo que es hoy un ejemplo económico y social.

El pequeño propietario no alcanza a tener ingresos que le permitan esperar el largo plazo de una cosecha de madera. Por eso, el camino indicado es la alianza estratégica con empresas sólidas y honestas. Incluso, el tema de la caficultura debería revisarse, así como es prioritario que por intermedio de la renovación subsidiada se defienda el ingreso del campesino, también es urgente que Colombia recupere su peso en las exportaciones mundiales del grano, para lo cual se demanda la presencia de la gran empresa como complemento del pequeño cultivo y garantía de cumplimiento con los requerimientos del mercado.

El campo sufre el peligro de una actitud gubernamental con hostilidad demagógica contra la gran empresa y coqueteo, también demagógico, al campesino.

El dr Londoño diariamente presenta sus válidas preocupaciones por la ley de tierras y por la nueva crisis de ingresos que empieza a afectar a los cafeteros. Mucho más útil resulta para la economía y la cohesión social apoyar la remuneración de más de 500 mil familias cafeteras que estar inventando nuevos destinos de gasto público.

Nadie se opone a procedimientos expeditos para devolver la tierra a campesinos desplazados, es una consecuencia esperable de la seguridad democrática. Por eso nuestro Gobierno, gracias al dr Fernando Londoño, entonces Ministro del Interior y de Justicia, introdujo modificaciones a la ley de extinción de dominio, para hacerla más ágil, que se complementaron con la exigencia de entrega de bienes y reparación de víctimas de la ley de Justicia, Paz y Reparación. Creemos que habría bastado un ajuste en el reglamento para responder al clamor de agilizar devoluciones. En la idea fundamental no nos oponemos a la ley, pero es grave para el país que sus cláusulas se constituyan en amenaza para todo empresario del campo, nivelando a la ciudadanía honesta con los criminales. Se necesita el equilibrio entre el derecho del desplazado a recuperar su tierra y el derecho a la defensa del poseedor de buena fe frente a la denuncia temeraria. Que se restituya al campesino pero nunca que se apodere al invasor de tierras como su vocero, ni al antiguo secuestrador, con la careta de columnista, a sueldo del erario público, como el espadachín que injuria y calumnia para tapar desaciertos oficiales. Y si continúa creciendo la inseguridad podríamos regresar a un campo que expulsa empresarios y campesinos, convertido de nuevo en imperio de bandidos.

Muchos que quieren imitar la obra reformista del ex presidente Alfonso López Pumarejo, deberían recordar que su revolución fue armonizar al capital con el trabajo, al empresario del campo con el campesino por la vía de conceder el título de propiedad a la correcta explotación de la tierra. En lugar de estimular conflictos entre unos y otros, resolvió la disputa entre quienes explotaban la tierra y los títulos que les negaban.

Nuestro apoyo resuelto a las gentes del campo nos generó la ilusión que Colombia nunca regresaría, a aquello que da señales de revivirse; los productores agropecuarios en el riesgo de quedar atrapados entre el desafiante discurso agrarista, el apoyo anémico y mínimo a la producción y la amenaza de narco guerrillas y narco bacrim, con nuevos ímpetus de dominar la ruralidad.

Hay sectores de la economía, anunciados como locomotoras, sometidos a la incertidumbre de las licencias. No se entiende que hayan creado nuevas y costosas entidades burocráticas para conocer estas solicitudes y pronunciarse sobre ellas, cuyo resultado ha sido la demora y el burocratismo. Sabemos que hay que proteger páramos, zonas de reserva, nacimientos de agua, etc, donde no puede existir minería, pero nada justifica la parálisis que podría verse en el sector, a sabiendas que la explotación con alta tecnología es la salvación del medio ambiente y la mejor compañía del pequeño minero. Países de todas las orientaciones ideológicas se benefician de la demanda China por estos productos y aquí, embebidos en el debate sin sentido, damos la impresión de querer renunciar a esta fuente de bienestar ciudadano. Mientras se frena la alta tecnología, la ilegalidad destruye cuencas, terrenos, bosques, y paga la cuota extorsiva a criminales de diferente pelaje.

El sindicalismo empresarial fue un buen desarrollo de nuestro Gobierno, ese embrión subsiste a pesar de la indiferencia oficial. Su esencia es la ecuación del empleador con solidaridad y el trabajador con responsabilidad empresarial. Una manera de implementarlo es el contrato colectivo de obra con la organización de los trabajadores, además la prelación que debe concederse a esta para servicios de tercerización. De esto modo, la mera lucha reivindicativa es remplazada por el entendimiento fraterno de largo plazo.

Muchas veces he pensado, que nuestra Patria, que no estaba convertida en un paraíso, iba por buen sendero. Seguramente este Gobierno, que para elegirse se valió del anterior, desestima estos temas porque inicialmente no resultan suficientemente taquilleros en las encuestas, que las prefieren sobre la sólida credibilidad sostenible en el tiempo. Nada diferente se puede pensar al conocer casos de sindicalismo armado ante un Gobierno de regreso a conceptos anacrónicos y de espaldas al horizonte del entendimiento fraterno entre empleadores y trabajadores.

Lo que podríamos llamar el frente social ha estado liderado por la ley de tierras dentro de la ley de víctimas. Nuestro Gobierno introdujo la reparación administrativa de las víctimas y la hizo posible gracias a la Seguridad Democrática que permitió que las víctimas reclamaran. Acatamos las recomendaciones del Ministerio de Defensa de entonces y exigimos que los integrantes de las Fuerzas Armadas no fueran tratados en igualdad de condiciones con los victimarios guerrilleros y paramilitares. Confieso que en mi caso se pierde la fe en el diálogo cuando la única respuesta del Gobierno es que cambió de opinión, y de las mayorías parlamentarias ninguna razón se escucha diferente a la obediencia al ejecutivo, muchas veces por simple clientelismo.

La política social se estanca o se reduce a la par que aumenta la burocracia para manejarla, bajo el argumento equivocado de la reforma administrativa, de confundir eficiencia con gigantismo estatal. Se abandonó el Estado Comunitario, creo que se valieron de él para la elección, pero ni lo valoraron ni le prestaron atención. Han echado para atrás la desburocratización y se desvanece la intensa participación popular. Ojalá se actúe con rapidez para evitar que la salud y cajas de compensación familiar causen amargas noticias de crisis por falta de recursos.

Los gastos de personal, sumados el Gobierno central y los establecimientos públicos, pasaron en billones de pesos, de 15.8 en 2010, a 18.3 en la apropiación inicial de 2012. Variaciones que superan el doble de la inflación.

Se les olvida que en el pasado América Latina vio desaparecer el Estado por obra de sus aparentes antípodas, el neoliberalismo que lo deroga y el social burocratismo que lo arruina.

Estamos de regreso al Estado derrochón con puestos públicos y gastos suntuarios. Y si algo ofende al pueblo, y hiere a la democracia, es la pompa ostentosa del funcionario publico, con recursos del erario, que los ocultan tras las grandes cifras.

El Presidente Alberto Lleras nos dejó la gran lección de que la prudencia en las relaciones internacionales no puede justificar la legitimación de las dictaduras. Un tiempo atrás, el Presidente Eduardo Santos nunca transigió con las dictaduras europeas de los años 40 de siglo XX, abrió las puertas de Colombia a demócratas perseguidos y llegaron intelectuales y científicos que han hecho grandes aportes.

Estamos en desacuerdo que por 800 millones de dólares se legitime una dictadura que da refugio a los terroristas colombianos. Ese dinero se le habría podido prestar al sector privado a largo plazo.

Estamos en desacuerdo en crear la ilusión de que la laxitud con la dictadura traerá beneficios económicos a sabiendas que conduce al pueblo venezolano a la ruina.

Estamos en desacuerdo con hacer creer a los ciudadanos de frontera que ya todo se arregló con la dictadura, pues en cada anochecer hay incertidumbre sobre el nuevo amanecer, porque es el dictador, que por caprichos personales, sin límites institucionales, define si la gasolina cruza o no, o si se restringe o se permite el tránsito de mercancías.

Estamos en desacuerdo con que se considere a la dictadura Chavista como factor de estabilidad de Venezuela y la región.

Estamos en desacuerdo con la apuesta de implorar de la dictadura Chavista el milagro del acuerdo con las narco guerrillas, de las cuales esa dictadura es su cómplice.

Estamos en desacuerdo con consolarnos por el hecho de que las guerrillas también estuvieron en el pasado en Venezuela, el Presidente Carlos Andrés Pérez propició diálogos pedidos y consentidos por nuestros gobiernos, y el Presidente Rafael Caldera expresaba temor, según sus palabras, “de llevarse la guerra a Venezuela”, si optaba por combatirlas. La gran diferencia entre ellos y la dictadura Chavista es que esta última las protege, las legitima, les hace homenajes y las prefiere sobre la democracia colombiana.

Soy consciente que necesitamos acción política, debemos emprender recorridos. Estamos en la lucha y esperamos que nuestros futuros candidatos salten a la arena.

El Congreso no ha querido aceptar que las encuestas se deterioran al descubrir la ciudadanía que la aparente gobernabilidad, ese acuerdo que le permite al Gobierno sacar adelante sus proyectos, es deleznable al basarse en los favores entre titulares de instituciones.

En esta hora de la vida, al tener el cabello cubierto, en las bellas palabras de Gaitán, por la “nieve superior de la existencia”, no hay aspiración de distinciones ni búsqueda de halagos, pero siempre indefectible compromiso con el pueblo.

Sí, soy del pasado, así lo indica la cédula, sin embargo, lo grave es volver al pasado de la frontera con Ecuador retomada por la narco guerrilla, repoblada de coca, con asesinatos de trabajadores, como el de ayer, y la destrucción de equipos e instalaciones, que expulsan la inversión que atrajimos y nos devuelven a aquel pasado anterior al mío, sin esperanza.

Estamos prestos a contribuir a una coalición de convergencia al Puro Centro Democrático, con los ciudadanos y partidos, a participar en la elaboración de la plataforma, a animar precandidaturas y a apoyar a un gran candidato.

En cada momento Colombia, “Primero Colombia”, esos lazos del alma con la Patria, nos imponen franqueza en el comentario, autenticidad en la propuesta y cuidado para evitar la anarquía o la temerosa vacilación.

Un grupo de ciudadanos, que merecen todo el respeto, ha propuesto una Constituyente. La justicia es el centro de gravedad para que opere el consenso sobre lo fundamental del cual hablara Álvaro Gómez Hurtado. El ex Presidente Alfonso López Michelsen, propuso una Constituyente para este tema y la organización territorial regional. La Corte Suprema, que era el juez de constitucionalidad de la época, declaró inexequible la norma que la convocaba. Se han hecho esfuerzos como los de la Constitución de 1991, y los de nuestro Gobierno, orientados a implementar el sistema penal acusatorio, agilizar procedimientos y agregar recursos con la creación del arancel judicial.

No obstante lo anterior, hay materias pendientes que tienen que ver con derechos de las personas, calidad de los titulares, necesidad de talanqueras a la intromisión de la politiquería, procedimientos garantes de prontitud y acierto, prerrogativas de quienes abandonen el crimen y se sometan al juez, etc. Para el futuro de Colombia, estas decisiones deberían ser objeto de un consenso con amplia participación popular. Una Constituyente, limitada en sus atribuciones a reformar la justicia, dedicada a este propósito sin la interferencia de interés diferente, puede ser respuesta al clamor de la hora. Sus promotores deben ser escuchados, también quienes impulsan el referendo. Unos y otros deberían reunirse dado que la justicia es un tema de unidad para que pueda haber pluralismo político. El Gobierno, el Congreso y todos los estamentos que agrupan ciudadanos deberían examinar con sus voceros las dos propuestas y acordar un camino para el País.

Sobre el Congreso puede haber varias propuestas de reforma. En nuestro proyecto de ley de referendo de 2003 se propuso reducirlo en su tamaño y que fuera Unicameral. El Congreso no aceptó el unicameralismo, y al Referendo, la gran cantidad de votos en favor, no le alcanzó, debido a las cédulas de los muertos, de los militares y otros factores que inflaron el censo electoral, ampliamente alegados en la época ante el Consejo Electoral.

Podemos decir que la principal razón del bicameralismo es el control de la segunda cámara a lo aprobado en la inicial. Al estar ambas cooptadas por el ejecutivo y anuladas en su raciocinio, el bicameralismo renuncia a su virtud. La necesaria participación popular, ahora con el dinamismo de las redes sociales, es la mejor vigilancia al Congreso y puede justificar la adopción del sistema Unicameral.

No podemos omitir el enorme daño al Congreso deparado por los auxilios ofrecidos por el ejecutivo, llamados proyectos indicativos y defendidos por el Gobierno como factor integrante del derecho de los congresistas a participar en el gasto público. El mecanismo se presta para manejos turbios y malversación del gasto en un país con escasez de recursos. El Gobierno, que ha pasado de redistribuir regalías a despojar regiones productoras, no tiene problema en permitir que el parlamentario distribuya 4 mil, 5 mil, o más millones de pesos al año.

Que en cada ciudad y pequeño poblado de la Patria se reconstituya la organización política, que integre ciudadanos y organizaciones. Que tome cuerpo nuestra coalición del Puro Centro Democrático, que discuta y estructure una plataforma de seguridad, inversión productiva e incluyente, esto es social, al alcance de los jóvenes y de los sectores populares, acompañada de una permanente revolución educativa, que promueva un ambiente de discusión con credibilidad, que es el supuesto necesario para que florezca cohesión social en un marco pluralista de libertades.

Simplemente quiero ser trabajador de esa lucha. El diálogo permanente que mantengo con los compatriotas, sus angustias e ilusiones, la gratitud con una Nación que me permitió estar en la Presidencia durante ocho años, la responsabilidad frente a los actos de ese Gobierno, la solidaridad con mis compañeros y el compromiso con las nuevas generaciones, son elementos que motivan mi acción.

Cuando escucho la voz firme, el concepto claro y profundo, expresado en la tenacidad del dr Fernando Londoño, confirmo que no hay justificación para la renunciación.

Además, sencillos y espontáneos compatriotas, como una señora de Barraquilla que me grita “Uribe, dale, dale, dale al twitter”, son en parte culpables de nuestra febrilidad por Colombia.

Este es un homenaje a la honradez intelectual, al carácter, a la persistencia sin cálculo del dr Fernando Londoño, y es un homenaje a su familia, a Margarita, a sus hijas, a Fernando, teniente del Ejército. Un homenaje al hogar que ha rodeado con calidez a esa persona que hoy nos congrega, y que es factor de seguridad en el estado de ánimo de la Patria.